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Biografia Dr. Gustavo Baz Padra
 

     El Porfiriato

El Porfiriato
Personajes de la Época
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EL FINAL DEL SIGLO, AL COMIENZO DEL DESARROLLO
El final de los disturbios y el comienzo de una dictadura

 

 La llegada de Porfirio Díaz al poder en 1876, marcó un alto a la lucha entre liberales y conservadores y dio inicio a un gobierno dictatorial de más de 30 años. En éste tiempo el país entró en una nueva etapa política y económica. Política, porque como ya dijimos, la fuerte dictadura afianzó el poder; y económica porque comenzaron a desarrollarse la industria, el transporte, los ferrocarriles, la minería y el comercio, gracias a la inversión nacional, pero principalmente a la inversión extranjera.


El Estado de México estuvo gobernado en esos años por Juan N. Miramontes, Jesús Lalanne, José Zubieta, José Vicente Villada y Manuel González. Durante este período el Estado también creció, gracias al impulso que recibió la agricultura, la minería, el comercio y la industria; pero se vio fortalecido además por la aparición de los ferrocarriles que lo conectaron con otros estados y con el propio Distrito Federal.
En nuestra región, el Distrito de Tlalnepantla, contaba con nueve municipalidades, cada una con su categoría, que era la Villa de Tlalnepantla, la Villa de Naucalpan, el pueblo de Jilotzingo, la Villa de Nicolás Romero, el pueblo de Huixquilucan, la Villa de Ecatepec de Morelos, el Pueblo de Iturbide, el pueblo de Zaragoza y el pueblo de Coacalco.

 

   
   
 

“La Villa de Tlalnepantla en 1889, en plena época del Porfiriato”

Esta  es la foto más antigua de que se tienen conocimiento de Tlalnepantla.
Fuente: Archivo Histórico Municipal de Tlalnepantla de Baz.

 

 

Tenía 15 haciendas, 5 establecimientos industriales, 28 ranchos, 11 rancherías, 57 pueblos y 4 villas.

Los cambios en la vida económica y social también se fueron acentuando. Se siguió fomentando la industria, se conectó a la región con otros estados a través del ferrocarril, siguió existiendo la hacienda corno una institución de prestigio y se desarrolló ampliamente el comercio.

LA INDUSTRIA CONTINUA SU MARCHA

Durante los años del gobierno porfirista se fomentó ampliamente la industria; en el Estado de México se dictaron numerosas disposiciones encaminadas a la protección de las industrias que se iban formando, pero principalmente, a partir del siglo XX y bajo el gobierno del general Fernando González, el apoyo fue incondicional, puesto que se fomentaron y encontraron mercados en otros estados, principalmente en el Distrito Federal.


El desarrollo que la industria alcanzó, para la primera década del siglo XX fue gracias a las buenas condiciones como fueron la mano de obra barata, la ampliación del mercado, básicamente el de la Ciudad de México, derivado del aumento demográfico, las franquicias y exenciones de impuestos, tanto federales corno estatales, pero sobre todo el uso de la electricidad y el vapor.
En nuestra región, la industria textilera, como ya vimos continuó su marcha. Según el censo realizado a principios del siglo XX, había cinco establecimientos industriales en las localidades de Barrón, La Colmena, Progreso Industrial, San Ildefonso y en la municipalidad de Nicolás Romero y otra en la localidad del Rayo en la municipalidad de Naucalpan.


 Los obreros de estas fábricas realizaron algunos paros huelguísticos por mejoras salariales como fue el caso de La Colmena en 1898 y 1910, así como la de San Ildefonso en este mismo año, por lo que fueron castigados y sus reivindicaciones sólo se verían realizadas después de la revolución mexicana.

LA HACIENDA, UNA INSTITUCION PARA EL AUTOCONSUMO

Ya para finalizar el siglo XIX, y bien avanzada la administración porfirista, la hacienda en el Estado de México tenía tres principales características: 1a. La hacienda era muy productiva y destinaba sus productos a un mercado externo gracias a la ayuda del transporte moderno. 2a. La hacienda improductiva e incomunicada;  y  3a., la hacienda improductiva y comunicada. Por ello al hablar de la hacienda en esa época y separarla de todo el siglo XIX, para ubicarnos al final de ese siglo y principios del XX, significa que no podemos verla como una única entidad privilegiada y productiva.
Muchas haciendas del Estado de México encontraron un mercado importante en la Ciudad de México gracias a que sus productos fueron enviados con mayor rapidez por el ferrocarril que para esa época se había ya construido y aumentaba sus ramales cada vez más. El Gobernador José Zubieta decía que:
"Debido á la posición geográfica del Estado de México, cuenta éste con la ventaja de que quizás no disfruta alguna otra de las entidades federales, de que por su territorio crucen líneas férreas que reconocen por centro la capital de la República. De ésta manera, nuestros variados productos. . . encuentran fácil mercado en la populosa Ciudad de México. . . "

Las haciendas incrementaron su producción, puesto que a la vez que producían para su consumo, producían para la venta tanto local, como nacional, por  lo que su carácter comercial se vio incrementado y todo ello favorecido por la construcción de los ferrocarriles.
Otro tipo de haciendas no fueron productivas para el mercado local y nacional, pero además tuvieron el problema de que tampoco estuvieron colocadas en lugares estratégicos, por lo que tampoco estuvieron comunicadas por las importantes vías férreas.
Otras haciendas en cambio estuvieron ubicadas en lugares estratégicos, por ser la región a la que pertenecían o zona de paso, o porque los ferrocarriles se desarrollaron y permitieron un mayor y rápido acercamiento con otros estados; pero estas haciendas no eran productivas para un mercado externo y éste es el caso de nuestra región.


Si tomamos el criterio de medición que da Margarita García Luna sobre la hacienda, para poder designarla como tal, entonces partimos de que deben tener una extensión mayor de 1,000 hectáreas, y las que tengan menos de esa cantidad serían ranchos.
Tomando en cuenta que la extensión del territorio del Estado de México era de 20,919 km 2 y que Tlalnepantla tenía 109,160 hectáreas y 30,507 hectáreas en extensión de haciendas, entonces ocupó un 28% del total del territorio del Estado, que fue una extensión bastante considerable para no ser tan productiva.


 De una población aproximada de 57 mil habitantes, sólo 3,343 trabajaban en las haciendas, cifra que realmente es muy baja y bastante ilustrativa del trabajo menor, económicamente  hablando, de la hacienda. Es probable que el número de peones que era de 13,000 entre los años de 1889-1893, estuviera distribuido en los 28 ranchos en las 11 rancherías y los 57 pueblos, según el censo de 1900. Y si a este trabajo poco productivo le aumentamos que en 1909 y 1910 hubo una sequía que afectó grandemente al Estado de México y a Tlalnepantla, veremos la decadencia del trabajo agrícola de la hacienda.
Esto no quiere decir que algunas haciendas no fueran prósperas, como lo fue el caso de la de En medio, de Ia que era dueño el Señor Rafael de la Mora y Trueba; la de Echegaray, cuyo dueño fue el político porfirista Manuel G. Rueda y la de Lechería, que curiosamente el censo de 1900 no la registra como tal. Esta hacienda propiedad de Fernando Pimentel y Fagoaga (antiguos dueños de San Ildefonso) fue lechera y usaron en ella un sistema muy avanzado para el procesamiento de la leche

Todos estos datos nos ayudan a comprobar que la hacienda en nuestra región fue más que de consumo para el exterior, de autoconsumo, y siguió las mismas características de todo el siglo XIX, en la que otras actividades económicas como el comercio, la industria y todo el trabajo que lleva consigo la urbanización, la sustituyeron poco a poco.


UN TREN PARA El PROGRESO
El trote de los animales de tiro que anunciaban con los cascabeles o campanillas su paso por las vías urbanas fue frecuente durante la época porfirista. Los boleteros, los conductores, los agentes y cocheros cortés y cuidadosamente atendían a los pasajeros que viajaban de México a Tlalnepantla. Tenían la obligación de anunciar con un silbato su paso por los cruceros y las boca calles, además de anunciar algún peligro, sobre todo para aquellos que viajaban de pie.

 

   
   
 

“Locomotora llegando a la estación de Tlalnepantla.”
Foto: Archivo Histórico Municipal de Tlalnepantla de Baz

 

 

El tren urbano de tracción animal fue el antecedente del ferrocarril nacional y central en nuestra región. Había uno que salía de Azcapotzalco (Distrito Federal) a Tlalnepantla. Comenzaba en el Puente de Vigas y terminaba en la plaza de Tlalnepantla y su longitud era de cuatro kilómetros.  Para recorrer esta distancia se necesitaba una hora de tiempo y los precios del pasaje eran de un real en primera clase, y de medio real en segunda clase, saliendo de cualquier punto del trayecto de Azcapotzalco a Tlalnepantla o viceversa; de dos reales en primera clase y de un real en segunda clase de México a Tlalnepantla o viceversa.


Los horarios de salida, a partir de julio de 1875 eran desde las seis de la mañana a las doce y cuarto de México a Tlalnepantla, y por la misma ruta en la tarde eran desde las dos y media a las seis y cuarto. De Tlalnepantla a México salían por la mañana desde las siete y cuarto, hasta pasadas las doce del día y por la tarde salían pasadas las tres y hasta después de las seis.


Había otros caminos en todo el Distrito, puesto que casi todas las municipalidades y municipios estaban unidos entre sí con las cabeceras de distrito por caminos de herradura y por caminos carreteros, y este era uno de los importantes en nuestra región pues salía de la Ciudad de México para ir hacia el interior de la República, pasando por Tlalnepantla, Barrientos, Lechería, Cuautitlán, etc.


El desarrollo que poco a poco fue transformando a nuestra región, que servía de paso obligado para ir al interior del país, llevó a que se construyeran vías férreas, primero para el Ferrocarril Central y después para el Ferrocarril Nacional. Es importante señalar que la construcción de este transporte ayudó a la distribución de mercancías tanto del Distrito de Tlalnepantla, como de todo el Estado de México y de otros lugares de la República y por ello el interés de su construcción, pues ya desde mediados de siglo se venía gestando.
"El primer decreto para la construcción de un ferrocarril por algunos de los puntos que hoy toca el Centra l Mexicano, fue expedido por Comonfort el 1° de junio de 1857. Se autorizó en él la formación de una Compañía con capital de tres millones de pesos, dividido en trescientas mil acciones de á 10 pesos cada una, destinado á la construcción de un camino de fierro en el Bajío de Guanajuato, que uniera la capital de este Estado (de México) con la de Querétaro por una parte, y con la Piedad, del Estado de Michoacán por otra”
Estos primeros intentos no funcionaron, y no fue sino hasta 1880 en que se otorgó la concesión para la construcción del mismo y se estipuló que la línea del ferrocarril comenzada en México se extendería por los Estados de México, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas, Durango y Paso del Norte en Chihuahua, o sea la actual Ciudad Juárez.


A su paso por el Estado de México tocaba varios lugares:
"El ferrocarril Central atraviesa los distritos de Tlalnepantla, Cuautitlán y Jilotepec, en una extensión de 66 kilómetros. Comienza en el Rancho de San Pablo (distrito de Tlalnepantla) y termina en Venta Hermosa (distrito de Jilotepec). Tiene estaciones en Tlalnepantla a 12 kilómetros de México, en Barrientos a 18, en La Lechería a 21, en Cuautitlán a 27, en Teoloyucan a 36, en Huehuetoca a 47, en Nochistongo á 52 y en Polotitlán a 152”
El tren que iba a Paso del Norte pasaba por Tlalnepantla a las 8:30 p.m. y hacía un recorrido de 12 kilómetros; luego llegaba a Barrientos a las 8:40, haciendo 18 kilómetros de recorrido, ya las 8:45 estaba en Lechería habiendo recorrido para ese entonces 21 kilómetros, y de ahí hasta llegar a su destino. Ya de regreso pasaba a las 6:40 de la mañana por Lechería, a las 6:45 por Barrientos y a las 6:55 paraba en Tlalnepantla.
La Cuesta de Barrientos fue difícil de subir, pues ya desde la época que por ahí pasaban las diligencias, se quejaban amargamente de ese tramo, por lo que se construyó un túnel para evitarla; de esta manera con el ferrocarril se construyó un camino moderno en el Camino Real a Tlalnepantla.
El Ferrocarril Nacional se construyó en el año de 1888, atravesaba el Distrito de Tlalnepantla, en dos direcciones, una de México a El Salto, y otra de México a Toluca.
La primera comenzaba en el Potrero del Rancho de Oviedo (distrito de Tlalnepantla) y terminaba en Nochistongo (distrito de Cuautitlán) pasaba por Tlalnepantla, Lechería, Cuautitlán, Teoloyucan y Huehuetoca y La segunda comenzaba en Agua Zarca y terminaba en el Rincón del Burro.

   
   
 

“Ferrocarril de Monte Alto al pasar por Tlalnepantla, 1903”
Foto: Archivo Histórico Municipal de Tlalnepantla de Baz

 

 

Otra construcción del Ferrocarril Central en el año de 1903, fue la de Monte Alto, pasaba por San Joaquín, La Magdalena, Ahuehuetes, Tenayuca, La Cantera, Tlalnepantla, Los Ángeles, San Andrés, Calacoaya, Atizapán, Pedregal, La Colmena, Barrón, San Ildefonso, Nicolás Romero y Progreso Industrial. Esta línea no solamente conectó lugares importantes del Distrito de Tlalnepantla, sino que sirvió también de guía turística:
"El establecimiento de esta línea propició al mismo tiempo un magnífico movimiento turístico de la capital hacia puntos pintorescos que tocaba el Ferrocarril Monte Alto, para lo cual Ia empresa puso al servicio del público unos trenes especiales que llamó de "recreo", los cuales corrían todos  domingos y días festivos".
Este tren desapareció en 1940 debido a la construcción de la Carretera Internacional.

La importancia de la construcción de éstas vías férreas fue que nuestra región quedó comunicada con muchos estados de la República, además de sufrir modificaciones tanto urbanas como de formas de vida, pues ello acentuó dos cambios económicos fundamentales, uno fue I desarrollo del comercio, y otro las fiestas de toros, que al prohibirse en el Estado de México y en el Distrito Federal, se hicieron en Tlalnepantla y el ferrocarril transportó a los aficionados a nuestra, región.


El ARTE DE LA LIDIA
Un tema que no podemos dejar de lado en el estudio de nuestra región, es el del toreo; y lo debemos ver tanto como espectáculo, como generador de dinero y que además está muy ligado a la historia del tren en Tlalnepantla.


La suerte quiso que se prohibieran las corridas de toros en el Distrito Federal, por Ley del 28 de noviembre de 1867; otros estados lo siguieron y ante las protestas de los aficionados derogaron ésta ley, pero el Distrito Federal fue el único que siguió con ella hasta el año de 1887, y fue en ese tiempo en que Tlalnepantla recibió a miles de aficionados. Su plaza de toros se había inaugurado el 26 de abril de 1874, en el corralón del señor José María Sánchez "y dio motivo de regocijo a los fanáticos y de tremendo disgusto a quienes se esforzaban en que los toros fueran suprimidos definitivamente y en toda la República.".
Los aficionados se dirigían a Tlalnepantla en excursiones, utilizaban todo el transporte posible y uno de ellos fue el ferrocarril:
"Una verdadera multitud llenaba a reventar los vagones del ferrocarril para trasladarse a la plaza los días de corrida. La empresa se veía obligada a vender boletos que rebasaban la capacidad de los vagones teniendo que lamentar por ese motivo frecuentes desgracias.”
Durante esta época hizo su aparición en la plaza de Tlalnepantla Ponciano Díaz, uno de los toreros más famosos del siglo XIX. Debutó en 1874 Y desde entonces cada corrida fue un lleno total de la plaza.
Los españoles también organizaron corridas de toros, como la primera corrida de Covadonga, en 1886, que fue a beneficio de su hospital y a la que asistió ·el gobernador José Zubieta.
Esta fuerte temporada taurina fue de diversión para mucha gente que venía de los alrededores de Tlalnepantla y del propio Distrito Federal, pero significó también entrada de dinero a nuestra región, por ello no es casual que el comercio se convirtiera en una entidad económica importante.

TELEFONO A LARGA DISTANCIA
La difusión de la comunicación telefónica comenzó en el país a finales del siglo XIX y principios del XX. El sistema fue encargado a dos compañías extranjeras, por lo que hubo dos sistemas en la ciudad de México. El servicio era caro y sólo fue usado por algunas oficinas públicas y privadas. Un servicio lo daba la Compañía Ericsson y otro una empresa mexicana.


En el Estado de México, en el año de 1877 el Gobernador José Zubieta presentó a la legislatura del Estado el informe en el que resaltó la construcción de líneas telefónicas. Había en el Estado, ya para finalizar el siglo XIX, 750,576 metros de los cuales se tendieron líneas de Huixquilucan a Naucalpan, con una distancia de 18,855 metros, y sus oficinas estaban en Naucalpan; había otra de Naucalpan a Tlalnepantla, con una distancia de 8,380 metros, con oficinas en Tlalnepantla; otra más pasaba de Tlalnepantla a Azcapotzalco, también con 8,380 metros y con oficinas en el Distrito Federal; y la última línea de nuestra región fue la de Tlalnepantla a Cuautitlán, con 13,617 metros y con oficinas en Cuautitlán.
La implementación de líneas telefónicas en nuestra región fue parte del proyecto de desarrollo del Estado de México, que se hizo necesaria en una zona donde los avances tecnológicos fueron complemento de los grandes alcances de Tlalnepantla durante el Porfiriato.


EL ALUMBRADO ELÉCTRICO
En la primera década de este siglo fue introducido el fluido eléctrico en la entonces Villa de Tlalnepantla de Comonfort. El periodista don Sebastián Cruz Vega, desde las columnas de su periódico Provincia, en un capítulo de la serie "Remembranzas", publicado el 31 de julio de 1978, describe así aquel acontecimiento:

"No precisamos la fecha de la introducción de la luz eléctrica en la Villa de Tlalnepantla, porque no están de acuerdo los datos de que disponemos, pues mientras unos señalan el año de 1907, otros hacen aparecer la histórica ocasión en 1909... En aquellas ceremonias de inauguración sobresalió una gran kermesse o Jamaica, contribuyendo el nuevo alumbrado con su esplendor a iluminar la Plaza Comonfort y su Kiosco, convirtiéndolo en un haz esplendente. El pueblo se volcó admirando el espectáculo que presentó la señora Adela Gutiérrez Vda. de Ituarte, distinguida dama de la mejor sociedad de Tlalnepantla, muy cultivada y poseedora de facultades artísticas; maestra de piano y con carácter para guiar a la juventud. .. Presentó Adelita una serie de puestos con follajes y flores naturales, en los que hubo las vendimias usuales y las "oficinas" tradicionales en estos actos. Atendieron aquellos puestos un grupo de agraciadas y bellas señoritas de la localidad. entre las que figuraron las familias Aguilar, del licenciado don Antonio y su hermano don José; las familias Lecona, Salas, Franco, la de don Albino Zarco, administrador del Timbre (Hacienda); la de don Esteban Rocha y otras ... La fiesta fue amenizada por la banda de Tultepec.

"En los postes que sostenían los cables se colocaron lámparas para el alumbrado público; los comerciantes hicieron derroche de luz en sus establecimientos y todo el vecindario disfrutó de la fiesta y de la luz en sus hogares. Todo el mundo celebraba el fastuoso acontecimiento... Al poco tiempo, la fuerza eléctrica fue aprovechada también para mover los molinos de nixtama1...y surgieron los electricistas, tendiendo por todos lados los alambres de las instalaciones. La Compañía Mexicana de Luz y Fuerza autorizaba la conexión de la corriente para el servicio de alumbrado, el cual se cotizaba en un peso veinticinco centavos al mes por lámpara, misma que podía arder toda la noche."

Aquel primer alumbrado eléctrico, todavía un tanto tristón, vino sin embargo a sustituir ventajosamente a los faroles de petróleo que por mucho tiempo colgaron de las esquinas, los que, a su vez, arrinconaran para siempre a los faroles con mecha de manteca que a lo largo de la Colonia parpadearan su amarillenta luz en la plaza y algunas calles del pueblo. Poco a poco Tlalnepantla lograba avances en su ruta hacia el progreso.

PIONEROS DEL COMERCIO
Tlalnepantla, dentro del cofre de su modestia y aislamiento mantenía la fisonomía secular y el aroma de sus días de ayer. Nos encontramos en el último tercio del siglo, cuando llega a estas tierras, procedente de Gáutegui de Arteaga, Vizcaya, un joven vasco con el corazón pleno de ilusiones. Es Daniel Lecona Celaya, quien luego de iniciar sus actividades como comerciante en Cuautitlán, pasa a esta Villa y funda en ella la que sería primera tienda importante establecida en Tlalnepantla. Aquel comercio, dotado de amplios y bellos portales, levantado en la esquina de la Avenida Hidalgo y la calle de Aldama, se denominó " El Progreso".

 

 

   
   
 

“Don Daniel Lecona Celaya, caballero vasco a quien
se considera pionero del comercio en Tlalnepantla”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 114, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

 

 

Se sabe que el señor Lecona llegó a México en 1871, pero no así el año de su arribo a la Tierra de Enmedio. Al poco tiempo de establecido aquí, construyó inmediata a su comercio una hermosa casa de estilo colonial, donde formó su hogar al unirse en matrimonio con la señorita Luisa Baca, de Santa Cecilia Acatitla. Esta casa fue la cuna de una familia que sentó aquí las bases de una sociedad plena de distinción y dignidad. Respetado y estimado por todos, don Daniel falleció en Tlalnepantla, el pueblo que adoptara desde su llegada como una segunda patria el 19 de mayo de 1926.

Algún tiempo después, siguiendo las mismas huellas, llegaron a esta población dos muchachos vascos, sobrinos de don Daniel Lecona. Se trataba de Antonio y Juan Zavala, animados de un gran espíritu de lucha. Estos jóvenes fundaron frente al jardín Comonfort, del lado oriente y también bajo extensos portales, una espléndida tienda denominada "El Pabellón". Posteriormente, don Antonio estableció junto a ella una panadería a la que dio el nombre de " El Pabellón Mexicano". De aquella casa saldría un pan de tan alta calidad que podría haber competido ventajosamente con el mejor de la capital.

 

 

   
   
 

“Los hermanos don Antonio y don Juan Zabalgogeascoa (Zavala) Lecona, naturales de Ea, Vizcaya España, arribaron a Veracruz en el año de 1882.  Ambos dieron un gran impulso al movimiento comercial de Tlalnepantla”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 115, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

 

En los inicios de este siglo existían ya algunas buenas tiendas en Tlalnepantla; pero en general su comercio era débil. Don Juan Zavala, dotado de una gran visión, hizo gestiones ante la Secretaría de Guerra para el establecimiento de un cuartel en esta población. La idea era la de impulsar el comercio, sabiendo que al domiciliarse aquí un regimiento, éste traerla consigo a sus familias.

Lograda la aprobación para la erección del citado cuartel. El señor Zavala lo hizo construir por ingenieros militares, dotándolo de todas las instalaciones que exigía tal fin. El amplio cuartel tendría capacidad para albergar a un regimiento de caballería con quinientas plazas, jefes y oficiales. Dicho edificio fue levantado en un predio existente en la avenida Hidalgo, esquina con la calle de Zaragoza.

En 1909, concluido el cuartel, la Secretaría de Guerra envió a esta localidad un regimiento integrado por 400 soldados. Entre oficialidad y tropa. Las familias de los soldados ocuparon dos grandes vecindades construidas ex profeso por el señor Zavala en las calles de Vallarta, mientras la oficialidad se instalaba con sus familias en algunas buenas casas de esta población.

 

 

 

“Magnífico interior de la tienda “El progreso”, fundada por don
Daniel Lecona, quien aparece aquí detrás del mostrador”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 115, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

   

 

El cambio que experimentó entonces el comercio en Tlalnepantla fue de tal manera sorprendente y favorable, que al punto tuvo lugar la apertura de nuevos establecimientos y servicios, como tiendas de ultramarinos, semillas, forrajes, tiendas de ropa, mercería, boticas, peluquerías...

Anterior al referido cuartel habíase utilizado como tal al antiguo mesón de San José, situado en la avenida Juárez frente al curato, por contar el local con macheros , pozo y piletas. Aquel cuartel sólo llegó a ser ocupado en ciertas épocas por cuerpos de rurales.

 

 

“Don Juan Zavala, figura prominente en la historia de Tlalnepantla,
como precursor del progreso de esta entidad”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 118, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

   

Don Juan Zavala casó con la señorita María Kasperowitz, con la que formó una de las más distinguidas familias Tlalnepantlenses. Mediante su capacidad para las finanzas, su vocación por el trabajo y amor al progreso, logró amasar un considerable caudal. A su visión de hombre de empresa nunca escapó la forma de impedir que Tlalnepantla se estancara. Fue un hombre dotado de gran carácter, enérgico, pero siempre afable. Su sola presencia infundía confianza. Su corazón y su escarcela jamás se cerraron para solucionar algún problema o mitigar una desgracia. Una recomendación, una firma, un préstamo, fueron para él algo inherente a su vivir cotidiano. En el apogeo de su vida, allá por los años veinte, era el prócer don Juan Zavala, la personificación de un patriarca.

Don Juan Marqués, caballero hispano como sus antecesores, fundó una tienda de telas y ropa en la primera calle de Berriozábal. Unido en matrimonio con una señorita mexicana, formó aquí una estimabilísima familia. Años después instaló tienda y casa en el ángulo noreste de la Plaza Comonfort, dándole al negocio el nombre de "La Carolina". Aquella magnífica tienda de ropa, telas y mercería, cuyo solo nombre trae a los viejos de aquí un sinfín de evocaciones, llegó a ser, por el fino trato de sus propietarios, algo así como un centro de reunión social para las señoras y muchachas de la localidad.

 

“Interior de la legendaria tienda "El Pabellón Mexicano", de don Juan
Zavala, al que se ve en esta fotografía en unión de sus empleados”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 116, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

"El Puerto de San Sebastián". Así se llamó otra de las tiendas importantes de Tlalnepantla en la primera década de nuestro siglo. Su propietario, don Joaquín Ituarte, y su hijo del mismo nombre, miembros de la mejor sociedad Tlalnepantlenses de aquellas épocas, disfrutaron del auge de este pueblo a lo largo de una de sus mejores etapas. El señor Ituarte era nativo de San Sebastián, España. Esa misma tienda, pero en manos de otro propietario, don Pioquinto Baca, cambió su razón social por la de " Pioquinto Baca e Hijos". Los hijos de este señor, Máximo y Francisco, quienes habían hecho sus primeras armas en el comercio trabajando como dependientes en una tienda llamada "La Jalisciense", se unieron para trabajar con su padre.

Don Pioquinto Baca Cortés, mexicano, nacido en el pueblo de Chalmita, había casado años atrás en la capilla de la hacienda de San Javier, con la señorita Catalina García, de la familia propietaria de los cerros de Santa Cecilia y el Tenayo, así como del terreno en que habría de ser descubierta la famosa pirámide y también de la hermosa casona convertida actualmente en museo arqueológico de ese lugar.

Fue don Pioquinto un gran tipo. Invariable y pulcramente vestido de negro, montando un excelente caballo, ofrecía su persona un noble aspecto.

En ese mismo punto, otro español, don Pablo de Urquijo, agrandó el negocio aunando a los originales abarrotes una cantina, billares y boliche . La tienda se llamó entonces "La Unión".

 

“Tienda y portales de " El Progreso", de don Daniel Lecona,
en la esquina de Hidalgo y Aldama”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 117, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

La antigua tienda de "San José", situada en la esquina de Juárez y Berriozábal, adquirida por don Florentino Aréchiga, nativo de Jalisco, tomó el nombre de "La Jalisciense". Ese negocio fue después propiedad de don Trinidad Hernández, joven iniciado en el comercio cuando trabajó a las órdenes de don Juan Marqués. De ahí saldría don Trini para asociarse con don Severino Lozano, caballero neoleonés de grata memoria, a fin de manejar ambos la citada tienda de abarrotes "La Jalisciense".

El señor Hernández, originario de Ixmiquilpan, Hgo. , de quien se decía dominaba perfectamente la lengua otomí, llegó, merced a su honorabilidad y buen trato, a ser Presidente Municipal de Tlalnepantla, en el periodo de 1922. Su gestión fue altamente benéfica para los habitantes de esta entidad, recordándose de ella, entre otras cosas, haber sido él quien organizara y uniformara a la policía; además de embellecer el Jardín Comonfort al dividirlo en hermosos y bien cultivados prados. La tradición comercial que iniciara don Trinidad Hernández, así como la denominación de su primera tienda, son sostenidas dignamente hasta el presente por varias de sus hijas.

Otro de los antiguos comerciantes de Tlalnepantla, a quien no puede dejar de mencionarse, es don Ignacio Chávez, poseedor de uno de los mejores negocios de abarrotes y legumbres en el interior del antiguo mercado. Secundado en el trabajo por su esposa Conchita Caballero de Chávez, llegó este señor a llegó reunir un buen capital que le permitió darle posición y bienestar a su familia.

Cuando desapareció la razón social de "Pioquinto Baca e Hijos", Máximo y Francisco se establecieron con una excelente tienda en la esquina de Iturbide  y Abasolo, en los límites del barrio de San Lorenzo, a la que pusieron por nombre " La Providencia". Aquel negocio, surtido de infinidad de artículos, prestaría por mucho tiempo invaluables servicios a un sector establecido al poniente de esta población.

EL COMERCIO: DE "LA UNION" AL "PROGRESO"
El desarrollo del comercio en nuestra región va de la mano con el tipo de población que llegó durante el Porfiriato. En el censo de 1900 encontramos una emigración de extranjeros, principalmente de españoles, en las municipalidades de Tlalnepantla, Naucalpan y Nicolás Romero.


Las características de nuestra región, como ya hemos mencionado, fueron de cambios sustanciales en su vida agraria, así como de cercanía con el Distrito Federal, por eso se necesitaba del comercio, que satisficiera las necesidades de los pobladores, así como del intercambio con otros estados y justamente esa fue una veta que los españoles supieron aprovechar, lo que hizo de Tlalnepantla una zona comercial importante, junto con otros lugares:
"Los diez distritos más imponentes dentro del aspecto mercantil eran los de Toluca, Tenango, El Oro de Hidalgo, Texcoco, Chalco,  Cuautitlán, Tenancingo, Ixtlahuaca y Zumpango, de los cuales se hallan en el Valle de México. Los distritos ubicados (…) ahí adquirieron importancia comercial debido a su cercanía con el Distrito Federal; pues grandes comerciantes de la ciudad capital de la República Mexicana utilizaban su jurisdicción territorial como centros de abastecimiento (bodegas) de la metrópoli, activando con ello el tráfico mercantil".


En la municipalidad de Tlalnepantla había para el año de 1900 ciento cuarenta comerciantes; en la de Naucalpan ciento ochenta y seis; en la de Nicolás Romero, ciento veintisiete y en la de Ecatepec de Morelos ciento dos. Después de esta actividad la segunda en importancia era la agricultura.
De los españoles que fundaron negocios comerciales en nuestra región, encontramos a Daniel Lecona Celaya, que estableció la tienda "El Progreso". Dos sobrinos de él, Antonio y Juan Zavala fundaron la tienda "El Pabellón" y la panadería " El Pabellón Mexicano". Juan Márquez abrió una tienda de telas y ropa "La Carolina". Joaquín Ituarte fundó "El Puerto de San Sebastián", que luego pasó a manos de Pioquinto Baca y el nombre lo cambió por el de "Pioquinto Baca e Hijos", y Pablo de Urquijo fundó la tienda de " La Unión".
Otros negocios fueron establecidos por pobladores tanto de la región como de inmigrantes de otras entidades de la República, como fue el caso de Florentino Aréchiga, quien llegó de Jalisco y a su tienda le puso el nombre de "La Jalisciense”; o el señor Trinidad Hernández, quien llegó de IxmiquiIpan, Hidalgo.
Muchas otras actividades se desarrollaron en nuestra región, pero el comercio, fue una de las principales, que nos queda como ejemplo del cambio de actividades que se generaron en Tlalnepantla.


INAUGURACIONES
El panteón de la Loma

Durante la epidemia del cólera, que en tan terrible forma azotara a nuestro país en el año de 1883, el atrio de la iglesia de Corpus Christi fue convertido en cementerio, habiendo agotado su capacidad, por lo que fue clausurado. Con tal motivo hubo de ser reabierto al servicio público un nuevo panteón, en el barrio de La Loma, en un terreno que se dice fue donado por un señor de nombre Severiano Gómez, mismo que años después cediera el predio donde fue construido el ahora extinto Palacio Municipal.

El teatro Zubieta

En el año de 1886 fue inaugurado en Tlalnepantla un teatro al que se dio el nombre del Lic. D. José Zubieta, quien fuera presidente municipal de esta entidad en 1876, y posteriormente gobernador del Estado de México hasta en seis ocasiones, entre los años de 1880 y 1889. El simpático coliseo, de reducidas dimensiones, fue construido todo de madera, excepto los muros exteriores; pero reuniendo todo cuanto exige un edificio destinado a tal fin, pues contaba con tres localidades perfectamente delimitadas, como eran luneta, palcos y galería; proscenio con su concha, camerinos y taquillas. En la parte superior del telón de boca estuvo una pintura del maestro jalisciense Gerardo Murillo “Dr. Átl”, quien la realizó ex profeso para dicho teatro en el año de 1915. El techo de aquel edificio, especie de cúpula, fue de lámina. El Teatro Zubieta fue un lugar de recreación para las familias, en el que tuvieron lugar a lo largo de su existencia incontables veladas, eventos sociales y políticos, funciones de cine y, ya en sus postrimerías, espectáculos boxísticos y de lucha libre. Actualmente ocupan el lugar en que existió, las oficinas de correos y telégrafos.

 

“Teatro Zubieta estrenado en Tlalnepantla en 1886 y convertido en
arena de box y lucha libre en sus postrimerías”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 137, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

El primer mercado en forma con que contó esta población, ubicado en el lado norte de la Plaza Comonfort, fue inaugurado en 1898 y llevó el nombre de "José Vicente Villada", en honor del general de ese nombre, quien fuera ilustre gobernador del Estado de México hasta en cuatro periodos. Años más tarde, en ocasión de las fiestas del Centenario de nuestra Independencia, siendo regidor del Ayuntamiento de Tlalnepantla don Juan Zavala Lecona, se le hicieron importantes reformas a aquel edificio, que lo transformaron totalmente, como fueron un alto portal de cantera al frente y varios excelentes locales comerciales.

 

“El antiguo mercado José Vicente Villada fue inaugurado el año de 1898
 y convertido en sala de cine en los años treinta”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 138, 
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

Los palacios municipales de Tlalnepantla

El primer edificio que albergara los poderes municipales de Tlalnepantla, existente en la segunda calle de Porfirio Díaz, funcionó como tal desde el siglo pasado hasta el año de 1909. Después de su clausura, aquella construcción fue convertida en escuela oficial para niños, a la cual se dio el nombre del Lic. D. Benito Juárez. Con motivo del Primer Centenario de la iniciación de nuestra Independencia, en que tantas celebraciones e inauguraciones tuvieran lugar en todo el país, se estrenó en Tlalnepantla un nuevo Palacio Municipal. Este edificio, levantado en la primera calle de Berriozábal (antes calle Juárez), más amplio que su antecesor, contó con toda clase de dependencias y oficinas. En sus cuarenta y tres años de vida fue testigo de innumerables acontecimientos, gratos y brillantes algunos, otros francamente infaustos. El actual palacio municipal, construido frente al jardín principal a iniciativa del gobernador don Alfredo del Mazo V. entre los años de 1951 y 1952, es, por su belleza arquitectónica y amplitud, un legítimo orgullo para los habitantes de esta entidad.

 

 

“Antiguo Palacio Municipal, inaugurado en 1910 con motivo del primer
Centenario de la iniciación de nuestra independencia”

Fuente: Tlalnepantla, Tierra de En medio, Guillermo Padilla Díaz de León, pág. 139,
H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

El reloj público

Fue también en aquellas fiestas conmemorativas de 1910, cuando Tlalnepantla estreno su primer reloj público, donado por el doctor Emilio Cárdenas. En la parte superior del frontispicio del mercado "José Vicente Villada" quedó colocado aquel magnífico reloj de "pesas" que, aparte de prestar por muchos años invaluable  servicio a los habitantes de este pueblo, impartió a éste una innegable categoría.

El jardín Comonfort

Muy antiguo el jardín de Tlalnepantla, fue construido en plena época colonial en el mismo sitio donde por mucho tiempo los indígenas instalaran su "tianguis" los viernes de cada semana. Primero fue solamente una pequeña arboleda con una fuente circular de cantera en el centro (existente en el prado oriente de la Plaza Gustavo Baz). Años después se le dotó de un kiosco de fierro, prados, callecillas y bancos. Sus noches se vieron alumbradas primero por faroles de petróleo, más tarde por bombillas de gas y finalmente, por la iluminación eléctrica.

El busto del Benemérito de las Américas

El H. Congreso del Estado de México expidió en 1906 un Decreto publicado por el Gral. D. Fernando González, gobernador de dicha entidad, en el que declaraba día de fiesta el 21 de marzo de 1906, por cumplirse en tal fecha el primer centenario del natalicio del Lic. Benito Juárez. Con ese motivo fue develado un busto del inmortal patricio en el ángulo noreste de la plaza Comonfort. Al solemne acto asistieron las autoridades, las más destacadas personalidades de la localidad y los alumnos de las escuelas.

Los teléfonos
El servicio telefónico fue instalado en Tlalnepantla en el año de 1918 por la Compañía Ericcson. La primera oficina o central telefónica fue establecida en la planta Baja de la casa del señor don Macedonio Rocha, en la esquina de la  avenida Juárez y la calle de Riva Palacio. Aquellas oficinas funcionaron allí hasta el día en que los teléfonos automáticos fueron instaurados.

LA REMODELACION DE TLALNEPANTLA
Tlalnepantla tuvo que ir cambiando su aspecto físico poco a poco, en la medida en que sus necesidades se fueron incrementando, y en que su población fue creciendo. Por ello el gobierno estatal fortaleció el hospital de Tlalnepantla en 1872 y ello fue de gran ayuda para atender a muchos enfermos, como en el caso de la epidemia de tifo que afectó a gran número de pobladores en 1893. Diez años antes con una epidemia de cólera y con muchas muertes registradas se tuvo que abrir el panteón de La Loma.


También se fomentaron las actividades recreativas y se construyó el teatro Zubieta en 1886, en honor del Gobernador estatal, quien fuera además presidente municipal de Tlalnepantla.


Se construyó un mercado en 1898 que llevó el nombre del gobernador José Vicente Villada. En 1906 se develó el busto de Benito Juárez en la Plaza Comonfort. Se inauguró el Palacio Municipal en 1910 con motivo de las fiestas del Centenario de la Independencia, junto con el primer reloj público.

 

El embellecimiento de Tlalnepantla no podía dejar, de lado la implantación del alumbrado público en la primera década del siglo XX, como muestra de uno más de los avances logrados por el Porfiriato.

 

 

REFERENCIAS:
Para las notas de pie de página favor de consultar el libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996 y el libro “Tlalnepantla, Tierra de En medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984; ambos en la biblioteca digital de ésta página web.

 

  • EL FINAL DEL SIGLO, Al COMIENZO DEL DESARROLLO

El final de los disturbios y el comienzo de una dictadura, página 121 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   

  • LA INDUSTRIA CONTINUA SU MARCHA, de la página 121 a la 122 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.  

 

  • LA HACIENDA, UNA INSTITUCIÓN PARA EL AUTOCONSUMO, de la página 122 a la 125 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
  • UN TREN PARA EL PROGRESO, de la página 125 a la 129 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.  

 

  • EL ARTE DE LA LIDIA, de la página 131 a la 132 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
  • TELÉFONO A LARGA DISTANCIA, página 129 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.  

 

  • ALUMBRADO ELÉCTRICO, de la página 141 a la página 142 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.  
  • LOS PIONEROS DEL COMERCIO, páginas 113 a la 118 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

  • EL COMERCIO: DE "LA UNIÓN" AL "PROGRESO", de la página 129 a la 131 del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.   
  • INAUGURACIONES, páginas 137 a la 140 del libro “Tlalnepantla, Tierra de En Medio” de Guillermo Padilla Díaz de León, editado por el H. Ayuntamiento de Tlalnepantla de Baz, Edo. Mex. 1982-1984.

 

  • LA REMODELACIÓN DE TLALNEPANTLA, página 132  del libro “Tlalnepantla, una región en la historia” de Laura Edith Bonilla de León y Rebeca López Mora, editado por el H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz, Méx. 1994-1996.  


   
 
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